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El renacer ferroviario del sursureste mexicano dejó de ser una promesa para convertirse en un terreno de disputa logística donde el Tren Transístmico y el Tren Maya abren una ventana inédita para la carga y la reconfiguración industrial. Ambos proyectos, largamente postergados, han comenzado a detonar movimientos de maíz, cemento y contenedores, pero también a revelar la magnitud del rezago histórico que limita la integración intermodal del país.
Para Diego Anchustegui, presidente de la Asociación Mexicana del Transporte Intermodal (AMTI), el potencial no es retórico. “Estamos en pláticas con ellos para desarrollar una rampa intermodal en Villahermosa que nos conectaría con Estados Unidos, Canadá, con Tijuana o Culiacán (…) será más eficiente y económico que moverlo por autotransporte”, expone en entrevista con T21. El planteamiento sintetiza el reto: llevar el intermodal a una región donde la carretera ha dominado por décadas ante la ausencia de infraestructura ferroviaria confiable.
La demanda existe. Desde el centro del país se envían volúmenes crecientes hacia Villahermosa, Mérida y Cancún, una dinámica que presiona a modernizar el eslabón ferroviario. La oportunidad es clara para sectores como alimentos, comercio y materiales de construcción, pero aún falta un andamiaje logístico capaz de convertir esos flujos en corredores intermodales estables.
Información completa aquí:
https://t21.com.mx/el-sureste-se-conecta-oportunidades-y-riesgos-del-despertar-ferroviario/
