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La industria del acero en México enfrenta un entorno cada vez más adverso por la presión de importaciones, la sobreoferta global y la falta de una política industrial definida, advirtió el director general de TYASA, quien llamó a implementar medidas urgentes para restablecer condiciones de competencia en el mercado.
“Hoy competimos en condiciones desiguales”, señaló el directivo, al alertar que el ingreso de acero a precios distorsionados —principalmente de Asia— está afectando la viabilidad de productores nacionales.
A Óscar Chahín no le gusta dramatizar. Habla pausado, mide cada palabra y evita los extremos. Pero cuando describe el momento de la industria del acero en México, no necesita exagerar:
“Tenemos una sobreoferta y un mercado en contracción”.
La frase funciona como diagnóstico. México consume alrededor de 28 millones de toneladas de acero al año, pero la demanda se contrajo cerca de 10% en 2025, mientras la capacidad instalada nacional supera los 35 millones de toneladas. La brecha no es menor: es espacio ocioso, presión en precios y plantas operando por debajo de su punto óptimo.
Detrás hay una secuencia de choques que, acumulados, han puesto bajo tensión a un sector acostumbrado a los ciclos, pero no a enfrentarlos todos al mismo tiempo.
Primero, Estados Unidos restringió el acceso. Parte del acero mexicano que antes cruzaba la frontera ahora se queda en casa. Después, el mercado interno se debilitó. Y, en paralelo, Asia —con menores costos y, según la industria, apoyos estatales— redirige su producción hacia mercados abiertos como México. En algunos segmentos, las importaciones ya representan más de 40% del consumo aparente.
“Es mucho material buscando lugar en un mercado más pequeño”, resume Chahín.
Lo que se acumula no es solo acero. Es presión.
Cada tonelada que no se exporta compite en el mercado local. Cada embarque asiático comprime márgenes. Cada punto que cae la demanda amplifica el desequilibrio.
El Gobierno ha reaccionado con medidas comerciales y restricciones a ciertas importaciones. “Ayudan”, reconoce. Hace una pausa. “Pero no son suficientes”.
La industria pide algo más profundo: alinearse con Norteamérica. Si Estados Unidos y Canadá endurecen su postura frente al acero subsidiado, México —sostienen— no puede quedarse a medio camino.
Porque el problema no es competir. Es competir en desventaja.
Apostar en terreno adverso
En ese contexto, TYASA se prepara para encender un nuevo laminador cuya inversión asciende a 250 millones de dólares, el cual se enfocará en los aceros especiales para la industria automotriz.
No es un movimiento menor. Durante años, la compañía estuvo ligada al acero para construcción. Ahora busca posicionarse en segmentos de mayor valor, con mayores exigencias técnicas, pero también con mejores márgenes.
“Llevamos tiempo preparándonos”, explica Chahín.
El proyecto —con capacidad de 400 mil toneladas anuales— no solo incrementa volumen. Amplía el portafolio: nuevos diámetros, productos más sofisticados y acceso a clientes más exigentes. También abre la puerta a sustituir importaciones.
Pero la transición ocurre en un entorno frágil. Hoy, la industria opera lejos de su capacidad óptima. En algunos casos, por debajo de 60%. TYASA se mueve en ese rango.
El arranque de año muestra cierta mejora, pero el margen es limitado. Con un crecimiento económico cercano a 1% para este año, el espacio para una recuperación sostenida es estrecho.
Aquí no hay euforia. Hay cautela.
Resistir sin perder el rumbo
Más allá de la coyuntura, el ajuste es estructural. Parte de la industria mexicana intenta moverse hacia productos de mayor valor: menos volumen, más especialización.
TYASA ya no se define solo como productor de largos. Ahora produce aceros especiales, de aplicaciones industriales y automotrices. Es una estrategia defensiva, pero también evolutiva.
Cuando la conversación se acerca a cifras, Chahín cambia el foco.
“La gente es el activo más importante”.
Habla de equipos, cultura y alianzas. De cómo, incluso en una industria intensiva en capital, el factor humano sigue siendo decisivo.
Hacia afuera, sin embargo, el terreno sigue siendo incierto.
La industria acerera mexicana no está en crisis terminal. Pero tampoco en equilibrio.
Se mueve en un punto incómodo: presionada por factores externos mientras redefine su lugar en el mercado. Entre protegerse y transformarse.
“Queremos que nos vean como iguales”, dice Chahín.
En esa frase hay más que una demanda comercial. Hay una aspiración: no quedar atrapados entre Estados Unidos y Asia sin margen propio.
Porque en el acero, resistir no siempre basta. A veces, la única forma de seguir es cambiar.
Oscar Chahin Sanz es actualmente Co-Director Ejecutivo de TYASA. Se graduó como ingeniero mecánico y maestro en ciencias de la Universidad Carnegie Mellon en Pittsburgh, Pensilvania, y obtuvo su maestría en negocios y administración (MBA) en la Universidad de Alabama en Huntsville. Cuenta con 12 años de experiencia en la industria siderúrgica, liderando procesos productivos en diversas instalaciones. Es presidente de AIST capítulo México y vicepresidente en diversos consejos y asociaciones.
Fuente:
https://reportacero.com/urge-tyasa-estrategia-industrial-ante-presion-externa-en-acero/
